El siguiente es un fragmento del texto escrito por el doctor y poeta José Emilio Garmendia, leído al final del concierto “Requiem de Mozart” en el marco del Festival por la DEMOCRACIA, DIGNIDAD, y LIBERTAD de MÉXICO. -Agosto 26 de 2012, Cd. de México-
“CARTA A CALDERÓN Y AL PUEBLO DE MÉXICO”
Venga pues, el derecho a la libertad de expresión y es a ti Felipe Calderón a quien ahora me dirijo, no con la ironía o la poesía con la que he alabado las virtudes de La Maestra o Educadora y al chupacabras de Salinas, te hablo como se debe hablar de hombre a hombre, o de buen ciudadano a buen ciudadano. Es tanto lo que quisiera dialogar o manifestar que por respeto a la energía, cuidado de los recursos y fomento al desarrollo, sólo trataré el punto que considero más álgido y de actualidad.
¿En qué cabeza normal o educada cabe, o qué autoridad de peso, o instituciones vigilantes de la soberanía e integridad de una nación sana, permiten, que arribe a la presidencia, un joven irresponsable, de antecedentes morales ofensivos, con una pésima y vergonzosa cultura y un deficiente conocimiento de la problemática del país? según lo documentan o evidencian multitud de medios de comunicación, incluyendo desde luego, los audiovisuales.
Entiendo que tú, Calderón, estudiaste en buenas universidades, y que eso habla por sí solo, del grado de conciencia que debes de tener ante la trascendencia o nocivas repercusiones de lo anteriormente cuestionado.
Podrás negar que se trate de un joven, pues su edad no oscila entre los 12 y los 30 años de edad. Pero la imagen que tú permitiste como primer mandatario de la nación, y la imagen dispendiosa que promovió, con el dinero de los trabajadores mexicanos, tanto el desprestigiado Partido del PRI como la Televisa Azcarraguense y periódicos de reputación nefasta y otros medios de comunicación, fue precisamente la de un J O V E N radiante y con cara de ángel –pero que aún así, no ocultó ni corazón o entrañas.
Y difundir, con las trampas de los cosméticos y las cámaras, la imagen de un chamaco glamuroso, es uno de los peores crímenes que le puedan hacer a una nación tan grande, tan despojada, tan drogada y tan narcotizada, como México. Y demando a la opinión pública con urgencia, la IDENTIFICACION de todos los responsables, y que ese atentado publicitario, –financiado a costa, entre otras calamidades, de la muerte prematura o indebida, de miles de pacientes en los hospitales públicos por falta de recursos– no quede en la indolencia de nuestro sistema político y “constitucional”: indolencia concienzuda, premeditada y alevosa o mañosamente impune. En esa impunidad, enarbolada por los que se autonombran Servidores Reales, o Ciervos de la Nación. ¡Qué Cinismo y qué vergüenza! que por sus labios broten, a la hora de los gritos septembrinos, los nombres de Morelos, Hidalgo, y otros tantos. ¡Si el Centauro del Norte, les cayera de repente!, no tendrían tiempo ni para tomar sus arcones u otras intimidades, que por pudor no menciono, y vuestras pieles erizadas, trasmutarían en el acto, “de chinitas o de gallina” a las de raudas avestruces, que aun casi volando, con el hocico sangrando, como aquel caballo blanco que salió un domingo de Guadalajara, pero que a diferencia, los jinetes de las avestruces, no alcanzarían la luz de un nuevo amanecer, en la frontera… Y hago aquí también un paréntesis, para recordar que el hidalgo o jinete de ese Pegaso, con su copa de tinta en la sangre y en la mano, el hidalgo, de dolores… o de Dolores Hidalgo, le ha dado más a los pueblos, de México –y Américas sangrantes– que la mayoría de sus gobiernos, en estos dos siglos, ominosos. ¡Porque ambas hidalguías, liberan tormentos: romper esclavitudes y cantar con el alma!
Decir que el candidato del PRI habló en la FIL de Guadalajara con lenguaje cantinflesco (fueron unos cuantos sonidos guturales, cuyo contenido no era tan interesante analizar, sino más bien, los gestos, porque en los momentos de turbación, y en otros, el lenguaje facial, vehículo del alma, habla más que las palabras…) es una de las peores ofensas, por evocarlo al lado del gran artista y humanista, de Cantinflas. Su muerte ocasionó un profundo dolor en las clases marginadas del país, porque él si ayudó a los más depauperados, si no con donativos que a veces o de manera constante los beneficiaron , si con el alimento del alma que es la risa, y con aligerarles también los estragos de la injusticia, enseñando con la crítica tenaz y asertiva de sus grandes lecciones de moralidad, en la que se atacaba todo lo que es podrido y corrupto, como las tradicionales instituciones de nuestro México talado, rapado, rapiñado y agonizante, por los inconscientes gobiernos y las clases poderosas en contubernio, para mantener la gran ballena de unos cuantos, la ballena de los huevos de oro, y de los ojos de ámbar, adornada con polvos metálicos de las minas y no alumbrada con su propio aceite, sino con el petróleo, extraído irresponsablemente en despilfarro, como si de un gran tonel de embriagante tequila o de whisky barato se tratara. ¡Se les va a acabar el petróleo hijos de Santa Ana! –el que se embolsó media patria por unas cuantas monedas– y entonces sí, huirán a sus naves extraterrestres, con sus muñecas de telenovelas y edecanes del IFE, para dejar al México Bárbaro, desconectado de vuestros alambres o cuerdas, cómo un inmenso títere, desarticulado, huérfano sobre la ya no tan Suave Patria de Velarde, con sus piezas tiritando, sin cachimbas, y repleto de burros, entre unas carretas hambrientas, de alegórica paja.
No quiero ni pensar –dijo Carlos Fuentes–, que el candidato tricolor llegue al poder. La naturaleza es muy sabia y tal vez lo protegió para que él no viera el cielo inmensamente gris, el primero y dos y tres y más de julio y de Augusto y de agosto y otros tantos; pero si la hipotética causa de su muerte, fue una úlcera péptica perforada, es indiscutible que en los días precedentes, su hiperconciencia, desbordó su estrés y a la manera de asesino puñal, le perforó el estómago. Si fue así, y si nos interesa la búsqueda de la verdad y la justicia, tendríamos también que pedir la credencial de identificación a los responsables de la muerte prematura de un gran hombre, de un gran novelista, que tal vez privó a la humanidad de otra de sus grandes novelas. ¿Podríamos imaginar a México sin la obra de Pedro Páramo. Estaríamos más confusos que ahora. Al menos hoy y a él gracias, tenemos conciencia, de que en este país atroz, en esta inmensa Comala, donde cada vez más tostados, desfilando hacia la muerte y sin ver el rostro del padre, se nos desorbitan las lámparas del cráneo, gritando a todas voces, que somos los hijos de Pedro Páramo. Y es gracias a hombres como Rulfo y Gabo, y Neruda y Gandhi, que no somos del todo huérfanos, que la vida no es tan yerta, porque aún tenemos madre, o están cerca, los poetas.
Por eso Felipe, no le rompas la Esperanza a todo un pueblo, porque aunque no lo creas, todos somos tus hermanos. ¡Todos somos, los hijos de Pedro Páramo!, pero la muerte y la venganza sólo llevan al destierro. Y debes saber que no andamos buscando al que nos engendró para matarlo. Su rostro escurridizo, nos confunde o es fantasma, o tal, vez nunca ha existido. No nos quites la esperanza de arañar esta tierra agrietada, “parámica” hasta las cachas, y de sembrar con ganas, para ver si se conmueven sus entrañas, y brotando de nuevo hacia sus hijos, nos corran por la boca, sus veneros de plata; más no de plata fría, la frívola metálica, sino la de la ostia redonda de la harina blanca, no gris ni adulterada, o la de la luna, pletórica, meciéndose en su cuna, sobre su tierra escarlata, de un pueblo ilusionado que la busca, para prendérsela en el pecho, como si fuese una virgen, entre barrotes de plata.
¡Sí! No nos quites la gracia de la infancia, la de jugar o sembrar la semilla de los sueños, porque ella es el germen de las grandes realidades: ¡Sólo se puede llegar a la luna, soñando!, y si te asalta la duda, relee a Julio Verne. Porque si no jugamos, reímos o soñamos, a semejanza de nuestros reyes, nos volveremos inflexibles, rígidos, acartonados y nuestros rostros, vagarán taciturnos o permanentemente enojados, y el siguiente paso será, rodearse de un ejército, para sin ton ni son, cortar cabezas al por mayor, tal como la reina en su palacio en la novela (y no cuento chino) de Lewis Carroll… Porque independientemente de la raza, el color o el tamaño de nuestros cuerpos, la naturaleza humana ,el alma, es la misma, y vaga como una luna cambiante, en el espacio y el tiempo… y si no se detiene el avance de esta maquinaria horrenda, de asesinatos selectivos o accidentales, de trampas, mentiras y traiciones, entonces podríamos terminar, ya no como en la fiesta del Rosario de Amozoc o como en los campos devastados de Vietnam , Irak o Auschwitz, sino quizá, con una nueva forma de exterminio colectivo, en el que, rotos nuestros átomos, o individualidades, tendremos que contentarnos con nuestro nuevo cuerpo de sólo cucarachas y ratones. Y aún estás a tiempo para poder cambiar el curso de tantos: el tuyo y el de todos, porque quien salva a un hombre, y por lo tanto a un pueblo, salva a la humanidad entera. ¡Qué Dios esté contigo, y con nosotros! Y Gloria y Paz en las alturas y Honor y Fuerza a los humanos de buena voluntad.
P.D.
Y si mi sangre –que es como el venero inquieto y tormentoso de una mujer embarazada, o del niño con los ojos negros como estrellas titilantes–, que se abraza con la hermana lava roja de tantos hombres y mujeres, que aún en medio de los escapes… o sangrías y tormentos, sigue batiendo en el pulsar con fuerza, y siente, huele, sabe y piensa, como un cerebro entre las venas, es porque recuerda, que sólo en la total demencia, se olvida, que la vida es bella, en la tierra y en el cielo, y en la vida y en la muerte. Y Si esta sangre, os molesta, porque inquieta a los corceles de vuestras calesas o damas de la corte, o amenaza a vuestros caminos y mansiones romanas, o alfombras de la antigua Persia, o a la belleza y estabilidad de los puentes colgantes del nuevo Durango, entonces, no dudéis en alzar vuestros fusiles o cañones, para abonar con fuerza el Suelo Mexicano.
Mas no os asustéis, si de esa tierra que ustedes pintan de rojo, y que intentan hacerla aún más roja, brota de repente, y no por las alcantarillas, el corazón despertado, del hombre, vivo y muerto, y circula y se planta, y se planta y circula, cual materia con alma, en las grandes arterias o avenidas tan amplias, de este cuerpo gigantesco que es México y su Ánima: Nuestra Madre de Bronce, sin sus pieles de paja.
¡Valientes hermanos de México, resistid y luchad, que como dijo Víctor Hugo, y que está con nosotros, no es la República quién os hace la guerra, es El Imperio! E Hidalgo y sus Maestros, y todos los Maestros y Estudiantes, y Tantos otros tantos, enfermos y ambulantes, que lo hemos invocado con sangre entre la boca… deber es nuestro unirnos, al vasto movimiento; y que la tierra tiemble si es preciso, mas no con el rugir de los cañones, y sí con el latir de nuestros pechos, y con el cimbrar de los cimientos al brotar, la púrpura nevada: la sangre de las flores casi muertas, la sangre de las flores derramadas, y los brazos de los árboles tan llenos de esperanza, en cuyas hojas volará el amor de los poetas; y con la nueva conciencia del planeta, que no estará sordomuda, porque hoy día, tiene muchos ojos, y remos, y gaviotas, y palomas mensajeras, podremos sólo entonces desterrar, deshonor y desvergüenza; y lejos de la noche tan fría y tan callada, tan cerca de los astros, la cara iluminada, contemplar y asir, la inmensidad de la Mujer Dormida, nuestra madre, con sus velos de seda, tan consciente, y tan herida; y sin demora, sacar del fondo de la tierra a nuestro padre, para llevarlo como un blanco estandarte, sobre el Alma.
Porque conforme envejezco, cada vez estoy más cierto, que no sólo estamos hechos de barro, sino también, de la sangre inmortal que corre en nuestras venas, que no es otra, que la flama de los Dioses.
Dr. José Emilio Garmendia.